La preocupación tanto a nivel europeo como internacional se acrecenta con cada día que pasa, sin embargo, el régimen militar continúa ocultando la verdadera magnitud de la catástrofe a su propio país y sólo publican imágenes de sus líderes militares prestando ayuda; el Gobierno de este país ha reconocido hasta el momento las cifras de más de 20.000 muertos y 30.000 desaparecidos, pero la ONU ha estimado los muertos entre 60.000 y 100.000, y los desaparecidos ascenderían a más de 200.000, además de más de dos millones de damnificados que han quedado sin hogar.Y no se sabe qué es lo peor, puesto que miembros de la disidencia birmana aseguran que a los refugiados se los trata como a presos en los campos, restringiendo las visitas, vistiéndolos como presidiarios, no permitiéndoles salir de los campos de refugiados para buscar a sus familiares desaparecidos, etc. Además se ha informado de que el ejército de Birmania está confiscando la
mitad de los cargamentos de ayuda de emergencia que las ONG de todo el mundo intentan hacer llegar a las zonas afectadas por la catástrofe. Es comprensible que después de cosas como estas la gente de a pie se muestre muy reacia a colaborar con las ONG al ver que las ayudas nunca llegan, pese a que la mayoría de las veces la culpa no es de las propias ONG, sino que son las autoridades locales las que se hacen con las ayudas para administrarlas a su antojo o las que ponen todo tipo de trabas y coaccionan o incluso amenazan a los voluntarios que se desplazan a ayudar a determinadas zonas que a los propios líderes no les interesa que florezcan.Es prácticamente imposible que nunca se pueda acabar con el hambre o la pobreza en el mundo cuando ocurren estas cosas, cuando al mundo en general, incluidos los propios países a los que pertenecen esas zonas deprimidas, no les interesa que evolucionen en manera alguna, pues podrían llegar a considerarse ciudadanos con sus plenos derechos algún día y reivindicarlos, no no no, más quebraderos de cabeza no... Y concretamente en este caso, las autoridades de Birmania no dejan, ni probablemente lo vayan a hacer en ningún momento, que ningún miembro de ONG ni voluntarios ni personal sanitario ni nadie que intente simplemente ayudar pueda entrar en el país. Y yo me pregunto ¿qué será eso tan terrible que quieren ocultar aún a costa de dejar morir a sus propios ciudadanos de hambre, sed, enfermedades y, muy pronto, epidemias?
Nueve días después de la tragedia, y tras una semana de negociaciones (aunque sea incomprensible en un caso de tanto urgencia), ha llegado el primer avión con ayuda procedente de Estados Unidos a Myanmar (antigua Birmania), pero es obviamente una ayuda escasa para satisfacer las necesidades de todos los afectados y se estima que al menos dos tercios de ellos no han recibido asistencia de ningún tipo hasta el momento, después de nueve días, ni siquiera sanitaria para tratar las heridas de muchos de ellos.


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