… se llama Berta y es ecuatoriana.
En un ratito esperando al bus en una parada, me contó muchas cosas sobre su familia, sus siete hijos, la hija que perdió con 13 años atropellada por un coche al salir del colegio, el miedo que le tiene a conducir por ello, lo tantísimo que ha sufrido a causa de un marido que no la merece y de la infidelidad de éste, su enorme fé en Dios y en que éste siempre cuida de ella (que así espero que sea, porque tiene muy buen corazón), etc., una mujer con mucha vida y, por tanto, con mucho que contar... y como a mí me gusta tan poco escuchar la historia de las personas y me cuesta tanto interesarme y encariñarme con cualquiera... pues al final casi me bajo con ella y la sigo hasta su trabajo para que me siga contando!
Cuando le hice esta pregunta, sentí que decía algo que estaba totalmente fuera de lugar, que no tenía sentido, sonaba ridículo, pues al fin y al cabo somos como primos hermanos, pero le tenía que preguntar por mera curiosidad periodística, supongo, de conocer más, siempre más; quizá sea simplemente una cualidad inherente a mí. Le pregunté si alguna vez se han sentido discriminados, rechazados en algún modo por ser extrajeros (ella y su marido, que viven aquí, pues sus hijos están en Ecuador), y aunque sentía que para mí misma resultaba una pregunta totalmente ridícula, quedé muy satisfecha cuando me comentó con total tranquilidad que nunca les había sucedido tal cosa y me relataba anécdotas sobre ella y las amistades que tiene en el pueblo con las que pasa largas horas charlando despreocupadamente, “como una más”, que es lo que es simplemente.
Mientras la escuchaba y la observaba, no podía evitar acordarme de la imagen de la chica ecuatoriana atacada por aquél xenófobo en un tren de cataluña; ni que decir tiene que se trata de un mero dato, puesto que, por desgracia para el mundo, hay xenófobos de este calibre y peores por todas partes. Ese “individuo” (por no decir algo más grave, que no quiero caer en burdas descalificaciones, aunque sea difícil contenerse a veces…) le decía a la chica que se fuera a su país (no quiero ni imaginar la forma y el contenido ni el resto de “comentarios” que hiciera), “comentario” que hemos escuchado ya demasiadas veces todos y todas en conversaciones, medios de comunicación, etc. y ante el que sólo cabe una respuesta: que lo que sobra en España y en el mundo es ese tipo de “personas” (aunque pierdan esa denominación por sí mismos al no tratar por igual y como quisieran ser tratados al resto de personas), que podían dedicarse a culturizarse un poquito y conocer nuestra propia historia, cómo eran nuestros antepasados españoles (y no muy lejanos precisamente para que se haya olvidado tan pronto) los que viajaban en busca de una oportunidad, de un porvenir al sur de América y, posteriormente, a Francia, Suiza, Alemania,…; que gracias a que nuestros familiares también fueron emigrantes pudo España salir a flote en los momentos de peores crisis económicas y llegar a ser lo que hoy vemos (aunque siempre quede mucho por mejorar, principalmente en el campo de la sociabilidad, de la educación y del respeto, que parecen más bien ir a peor con el paso del tiempo…). Hay una frase muy sabia que dice que “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetir sus errores” y es una pena no conocerla porque siempre se puede aprender, de lo malo y de lo bueno. Esa es la principal reflexión que quiero dejar hoy aquí, además de mandar un caluroso saludo a todos/as nuestros/as primos/as hermanos/as ecuatorianos/as concretamente hoy, tanto a los que se encuentran en España o en otros países tratando de encontrar su oportunidad como a los que se encuentren en Ecuador.
Y hablando de Ecuador…, Berta me estuvo contando lo bello que es su país y que no lo cambia por nada; las frutas que aquí no encuentra y que allí son de lo más normal, como la “yuca” o “raíz” creo que me comentó, ustedes perdonen si me equivoqué, o cómo pasa un camión por las calles repartiendo ramilletes (que no sé cómo se denomina eso en realidad...) completos de plátanos recién cortados de los árboles, tal y como se cogen de la planta y a sólo un dólar, cuando aquí te cuestan dos plátanos un euro prácticamente; estas fueron las cosas que ella me destacó cuando le pregunté si era muy diferente España de su país. Hasta me invitó a que fuera cuando quisiera, allí tiene a sus siete hijos, y encantada estaría de ir yo, con la cantidad de cosas que hay por ver en este mundo y a mí me parece que todas se deberían ver en esta vida, que todas merecen tanto la pena…, qué pena que sea tan caro viajar,… me voy a comprar una avioneta para darme una vueltita por el mundo cada fin de semana al menos.
Para terminar, sólo quería añadir que debemos practicar con el ejemplo, TODOS Y TODAS, en todos los campos de la vida y de las relaciones sociales, porque todos los días se nos presentan ocasiones de hacer algún bien a alguien, de demostrar que somos buenas personas, de no pasar de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y demostrar cuánto nos importa el mundo en el que vivimos y todo lo que en él ocurre; no echar nunca la vista a un lado es la mejor opción, pese a que a veces tenga consecuencias nefastas, se me viene a la cabeza el chico que por meterse en medio de una pareja cuando el tipo insultaba a la chica, acabó en el hospital a causa de un puñetazo golpedao con tan mala fortuna que acabó con su vida; tenemos que acostumbrarnos a que todos/as formamos parte del mundo y por tanto, en cierta manera, también formamos parte de la vida de los demás, al menos sí para echar una mano cuando se necesite y podamos. Y aquí quiero romper una lanza a favor del chico argentino que fue testigo en el tren de la agresión a la chica ecuatoriana y que estoy segura que se hubiese levantado a ayudar si hubiese ido a más...; lo que no es admisible de ningún modo es que a este chico se le haya criticado más que al propio agresor, hasta el punto de no poder salir a la calle por ser increpado, insultado y amenazado por sus conciudadanos, teniendo que entrar a declarar VOLUNTARIAMENTE al juzgado por la puerta trasera del mismo, como el propio inculpado...; esto ya es demasiado, porque es muy fácil decir delante de un micrófono y una cámara que tú si intervendrías, pero la realidad es que todos los días vemos a la gente por la calle pasar de situaciones de este calibre y peores, incluso una misma; el miedo nos puede a todos/as, y ante la situación de poder convertirnos en la víctima de un ataque no dirigido a nosotros/as en principio, solemos echarnos para atrás, por triste que sea decirlo, pero es la verdad. Intentemos que no sea así más, pero no criticando a los demás sino dando el primer paso, no esperando a que lo den los demás, sino predicando con el ejemplo. Nada más.
En un ratito esperando al bus en una parada, me contó muchas cosas sobre su familia, sus siete hijos, la hija que perdió con 13 años atropellada por un coche al salir del colegio, el miedo que le tiene a conducir por ello, lo tantísimo que ha sufrido a causa de un marido que no la merece y de la infidelidad de éste, su enorme fé en Dios y en que éste siempre cuida de ella (que así espero que sea, porque tiene muy buen corazón), etc., una mujer con mucha vida y, por tanto, con mucho que contar... y como a mí me gusta tan poco escuchar la historia de las personas y me cuesta tanto interesarme y encariñarme con cualquiera... pues al final casi me bajo con ella y la sigo hasta su trabajo para que me siga contando!
Cuando le hice esta pregunta, sentí que decía algo que estaba totalmente fuera de lugar, que no tenía sentido, sonaba ridículo, pues al fin y al cabo somos como primos hermanos, pero le tenía que preguntar por mera curiosidad periodística, supongo, de conocer más, siempre más; quizá sea simplemente una cualidad inherente a mí. Le pregunté si alguna vez se han sentido discriminados, rechazados en algún modo por ser extrajeros (ella y su marido, que viven aquí, pues sus hijos están en Ecuador), y aunque sentía que para mí misma resultaba una pregunta totalmente ridícula, quedé muy satisfecha cuando me comentó con total tranquilidad que nunca les había sucedido tal cosa y me relataba anécdotas sobre ella y las amistades que tiene en el pueblo con las que pasa largas horas charlando despreocupadamente, “como una más”, que es lo que es simplemente.
Mientras la escuchaba y la observaba, no podía evitar acordarme de la imagen de la chica ecuatoriana atacada por aquél xenófobo en un tren de cataluña; ni que decir tiene que se trata de un mero dato, puesto que, por desgracia para el mundo, hay xenófobos de este calibre y peores por todas partes. Ese “individuo” (por no decir algo más grave, que no quiero caer en burdas descalificaciones, aunque sea difícil contenerse a veces…) le decía a la chica que se fuera a su país (no quiero ni imaginar la forma y el contenido ni el resto de “comentarios” que hiciera), “comentario” que hemos escuchado ya demasiadas veces todos y todas en conversaciones, medios de comunicación, etc. y ante el que sólo cabe una respuesta: que lo que sobra en España y en el mundo es ese tipo de “personas” (aunque pierdan esa denominación por sí mismos al no tratar por igual y como quisieran ser tratados al resto de personas), que podían dedicarse a culturizarse un poquito y conocer nuestra propia historia, cómo eran nuestros antepasados españoles (y no muy lejanos precisamente para que se haya olvidado tan pronto) los que viajaban en busca de una oportunidad, de un porvenir al sur de América y, posteriormente, a Francia, Suiza, Alemania,…; que gracias a que nuestros familiares también fueron emigrantes pudo España salir a flote en los momentos de peores crisis económicas y llegar a ser lo que hoy vemos (aunque siempre quede mucho por mejorar, principalmente en el campo de la sociabilidad, de la educación y del respeto, que parecen más bien ir a peor con el paso del tiempo…). Hay una frase muy sabia que dice que “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetir sus errores” y es una pena no conocerla porque siempre se puede aprender, de lo malo y de lo bueno. Esa es la principal reflexión que quiero dejar hoy aquí, además de mandar un caluroso saludo a todos/as nuestros/as primos/as hermanos/as ecuatorianos/as concretamente hoy, tanto a los que se encuentran en España o en otros países tratando de encontrar su oportunidad como a los que se encuentren en Ecuador.
Y hablando de Ecuador…, Berta me estuvo contando lo bello que es su país y que no lo cambia por nada; las frutas que aquí no encuentra y que allí son de lo más normal, como la “yuca” o “raíz” creo que me comentó, ustedes perdonen si me equivoqué, o cómo pasa un camión por las calles repartiendo ramilletes (que no sé cómo se denomina eso en realidad...) completos de plátanos recién cortados de los árboles, tal y como se cogen de la planta y a sólo un dólar, cuando aquí te cuestan dos plátanos un euro prácticamente; estas fueron las cosas que ella me destacó cuando le pregunté si era muy diferente España de su país. Hasta me invitó a que fuera cuando quisiera, allí tiene a sus siete hijos, y encantada estaría de ir yo, con la cantidad de cosas que hay por ver en este mundo y a mí me parece que todas se deberían ver en esta vida, que todas merecen tanto la pena…, qué pena que sea tan caro viajar,… me voy a comprar una avioneta para darme una vueltita por el mundo cada fin de semana al menos.
Para terminar, sólo quería añadir que debemos practicar con el ejemplo, TODOS Y TODAS, en todos los campos de la vida y de las relaciones sociales, porque todos los días se nos presentan ocasiones de hacer algún bien a alguien, de demostrar que somos buenas personas, de no pasar de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y demostrar cuánto nos importa el mundo en el que vivimos y todo lo que en él ocurre; no echar nunca la vista a un lado es la mejor opción, pese a que a veces tenga consecuencias nefastas, se me viene a la cabeza el chico que por meterse en medio de una pareja cuando el tipo insultaba a la chica, acabó en el hospital a causa de un puñetazo golpedao con tan mala fortuna que acabó con su vida; tenemos que acostumbrarnos a que todos/as formamos parte del mundo y por tanto, en cierta manera, también formamos parte de la vida de los demás, al menos sí para echar una mano cuando se necesite y podamos. Y aquí quiero romper una lanza a favor del chico argentino que fue testigo en el tren de la agresión a la chica ecuatoriana y que estoy segura que se hubiese levantado a ayudar si hubiese ido a más...; lo que no es admisible de ningún modo es que a este chico se le haya criticado más que al propio agresor, hasta el punto de no poder salir a la calle por ser increpado, insultado y amenazado por sus conciudadanos, teniendo que entrar a declarar VOLUNTARIAMENTE al juzgado por la puerta trasera del mismo, como el propio inculpado...; esto ya es demasiado, porque es muy fácil decir delante de un micrófono y una cámara que tú si intervendrías, pero la realidad es que todos los días vemos a la gente por la calle pasar de situaciones de este calibre y peores, incluso una misma; el miedo nos puede a todos/as, y ante la situación de poder convertirnos en la víctima de un ataque no dirigido a nosotros/as en principio, solemos echarnos para atrás, por triste que sea decirlo, pero es la verdad. Intentemos que no sea así más, pero no criticando a los demás sino dando el primer paso, no esperando a que lo den los demás, sino predicando con el ejemplo. Nada más.

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