viernes, 16 de noviembre de 2007

Crisis diplomática con Marruecos

La crisis diplomática que venía manteniendo España con Marruecos (o más bien al revés) desde la visita de los Reyes a las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, por suerte, se está enfriando poco a poco; seguramente debido, en gran parte, al caluroso recibimiento que brindaron estas dos ciudades a Sus Majestades. Y es que no podía ser de otra forma, porque la afirmación de que esta visita suponía una "provocación" contra Marruecos, como desde allí se mantenía antes de que tuviera lugar, no se sostenía de ninguna forma y ellos lo sabían.

Sin embargo, dicho sea de paso, desde Marruecos tratan de justificar esta crisis por la falta de un diálogo entre nuestro país y el suyo a cerca de las ciudades de Ceuta y Melilla, como es deseo de su pueblo, según afirmaba ayer el portavoz del Gobierno marroquí, Jalid Naciri. En el fondo, tienen muy claro que no viene a cuento dicha petición de diálogo porque, simplemente, no hay nada que dialogar sobre ese tema, pero lo dejan caer casi como una condición para "tendernos" esa mano de la que hablan para terminar con esta crisis, casi como tratando de demostrar una buena voluntad por su parte, que solo podría continuar si reciben de España lo que solicitan.

La verdad es que se trata de un tema demasiado viejo como para dar al traste con las buenas relaciones que Marruecos y España venían manteniendo en los últimos tiempos, puesto que estos temas no se quedan en un rifirafe entre los componentes de la clase política de ambos países, sino que, mucho más lejos, afecta y mucho a los ciudadanos de a pie; de hecho, yo misma he podido hablar sobre el tema con un español que viaja a menudo a Marruecos para traer diferentes tipos de té y productos artesanales típicos de este país para venderlos aquí en España, y bastante apesadumbrado me contaba cómo cambia la actitud de la población marroquí para con los españoles que viajan alli cuando existen crisis del tipo de este caso o del caso de Perejil; esta persona en cuestión, me contaba que lo trataban en muchos casos con desprecio, que incluso lo insultaban por las calles y que el ambiente a su alrededor se volvía eminentemente hostil, cuando ocurría todo lo contrario en los tiempos en los que estas crisis pasaban y se olvidaban.

No es cosa nueva que diga yo ahora que el racismo o la xenofobia existen en todas las culturas y en todos los países, pero es una pena (y un peligro) que los dirigentes políticos, unos más que otros, tengan tan poco tacto para llevar algunas cuestiones y creen estas crisis inútiles y sin fundamento que conllevan, a su vez, otras crisis de tipo social a las que ellos mismos suelen ser ajenos, con el consiguiente incremetno de las hostilidades entre pueblos que son hermanos, nunca mejor dicho, y el incentivo de posiciones más extremistas, como las xenófobas.

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