En este mundo se supone que uno no puede tomarse la justicia por su mano, ¿no? Pero ¿qué pasa?, ¿que la policía, simplemente por tener un arma en sus manos y una placa en el bolsillo, puede hacer lo que se le antoje? El caso del inmigrante polaco fallecido, yo diría asesinado, a causa de 3 descargas eléctricas, de 50.000 vatios cada una, efectuadas por la policía en un aeropuerto de Canadá, nos devuelve a la cabeza injusticias cometidas en nombre de la Ley y el Órden, como fue el caso del chico brasileño asesinado también por las fuerzas de la Ley y el Órden en Londres, simplemente por sus rasgos físicos, ya que podía ser un terrorista suicida, como todos y todas podemos parecerles, claro; o el caso de la corrupción de las fuerzas de la Ley y el Órden y de la propia "justicia" en países latinoamericanos como México (me viene a la cabeza la conocidísima Ciudad de Juárez, que es el peor de los casos precisamente por lo conocido que es desde hace tiempo, aunque ello no sirva para solucionarlo); o los casos de Guantánamo o de las cárceles de Irak; o tantísimos otros casos que conocemos y los muchísimos más que ni se conocen ni se conocerán.
¿Tan difícil es de entender que una persona vaya a Canadá a ver a un familiar, desde la otra punta del mundo, y que después de 10 horas encerrado contra su voluntad en el aeropuerto y ante la imposibilidad de hacerse entender, pierda los nervios? ¿Qué hizo este hombre? ¿Atacó a los policías o a otras personas? Pues la verdad es que no, pese a ponerse nervioso y violento (con los cristales que lo encerraban...), lo único que sufrió la descarga de su ira fue una silla y un cristal; pero cuando llegaron los 4 ó 5 policías, ¿qué podía hacer él solo contra ellos? Solamanete se quedó de pie, intentando hablar, cuando le dieron la primera descarga, desde lejos, cobardemente, porque ninguno trató de acercarse y reducirlo, y el hombre no estaba armado ni suponía lo que se dice un "peligro" ante esos policías juntos; pero no, ¿para qué complicarse?, si tienen una mega-ultra-pistola Taser para poder dejarlo K.O. en un santiamén sin hacer el menor esfuerzo, y eso hicieron; tendrían un mal día y lo pagaron con el primero que encontraron, porque está claro que se ensañaron con él dándole hasta 3 descargas seguidas, hasta que lo redujeron o más bien acabaron directamente con él, y contra la palabra de los policías, ¿qué podría decir en su defensa un inmigrante polaco muerto?
Casualidades de la vida, hoy casi todo el mundo tiene una cámara de fotos que graba imágenes durante unos minutos o un móvil con cámara, y la casualidad jugó aquí a favor de la víctima haciendo que alguien que tenía una cámara se atreviera a grabar lo que allí ocurría. Ahora la familia del fallecido, mucho más lejos de poder verlo entrar por la puerta de su casa con las maletas y la cara de felicidad al ver a su madre tras un determinado tiempo y, por ende, a alguien conocido en un país extraño, en lugar de esta escena, pues tienen la tremenda "suerte" de que alguien en aquel aeropuerto canadiense tuvo la idea de grabar un altercado y, sin querer, se hizo con la única prueba que demostraba el asesinato de un hombre por un abuso de autoridad de unos policías que, no quedando contentos con las 3 descargas que le propinaron al hombre, se avalanzaron sobre él como si, moribundo y estremeciéndose casi inerte solamente por efecto de la electricidad que aún recorría su cuerpo, supusiese aún una amenaza enorme e incontrolable para 4 ó 5 miembros de las fuerzas de la Ley y el Órden.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Si no fuese porque todos llevamos ya una cámara...
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